Fecha: 13/07/2011
Sin ánimo de ser una oda a lo bizarro, acabo de encontrar uno de los mejores vídeos, a mi juicio, donde una monja termina sucumbiendo a los placeres del sexo guarro. Lo que empieza siendo una inocente e ingenua caricia en el coño de otra mujer, termina en fisting. ¡Una monja haciendo un fisting!
Primero con miedo, pero luego parece que lo disfruta, hasta el punto de que tras correrse la amiga ajena al clero, la monjita, sin rasgarse las vestiduras, se anima a subir su faldón, y para sorpresa de la Superiora del Sexo, la monja ya lleva el coño parcialmente depilando y dilatado como un caballo, porque le entra la mano de la otra en los primeros 30 segundos de roce.
Total, que la Casa de Dios cada día se parece más a una casa de putas.
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